domingo 8 de noviembre de 2009

Un cambio de jefe en la Administración

El 12 de junio de 1994 se celebraron elecciones al Parlamento de Andalucía. Aquella noche yo era todavía un imberbe en esto del periodismo. Ahora peinaría canas si pudiera. Lo que sí sabía era observar. El Gobierno andaluz montó un centro de control de datos en la Cartuja, y allá me fui yo con mis bártulos para contarlo para Colpisa. Fue la primera vez que vi la incertidumbre en los movimientos y en los rostros de muchos compañeros periodistas que entonces trabajaban en la administración autonómica.

Después vinieron dos años locos, los de la pinza. Yo creo que fueron los que acabaron con el proyecto de IU-CA que se inventó Anguita. Y en el 96 Chaves le dió la vuelta a las encuestas. Pero la noche fue también de nervios e incertidumbre para muchos compañeros. A partir de ahí el PSOE fue capaz de ponerse las pilas y darse cierta tranquilidad. Ahora, Arenas disfruta de los mejores resultados de su partido, tiene incluso más diputados que aquel PSOE asediado por la pinza. Veremos que pasa en 2012.

En el último mes hemos vivido una situación de nervios también en el Ayuntamiento de San Juan. No había elecciones pero cambiaba el alcalde. Lo sabíamos hace tiempo pero sólo se comentaba en pequeños grupos y voz queda. Durante este tiempo me acordaba de aquellas elecciones del 94 y el 96. Muchos compañeros de los medios me interrogaban, "ahora que va a pasar contigo". No lo sé, era mi respuesta. Yo sigo trabajando, igual antes, pero con un nuevo jefe.

Es cierto que es necesario un periodo de transición, aún siendo el mismo partido y los mismos concejales (casi) los que gobiernan. Hay que adaptarse a un nuevo modo de trabajar, a unas nuevas formas, estrategias, habrá que modificar algo el plan de comunicación, pero el trabajo es el mismo. Atender a los compañeros de la prensa para intentar hacerles más cómodo el trabajo y sobre todo intentar informar lo mejor posible a los vecinos de San Juan.

Pero al fin y cabo estoy inmerso en un cambio y eso supone pasar página y, claro, dejar atrás una relación de más de 6 años, intensa y cercana, con Juan Ramón Troncoso. En mi trayectoria profesional he tenido suerte de contar con espléndidos jefes. A los malos no los recuerdo.

Ernesto Márquez, cuando fui administrativo durante la Expo'92, del que me lleve la pasión por la informática y sus ventajas y el trato cercano y respetuoso. Julio Fernández, un jefe a más 500 kilómetros de distancia en la Agencia Colpisa, que me enseñó periodismo a pesar de ser redactor jefe en Madrid y yo corresponsal en Sevilla. Pepe Castro, al que ya conocía, en el Día de Córdoba y después con Mayou. De él me quedó con la valentía de hacer lo que había que hacer y con la confianza. También con la responsabilidad.

El último Juan Ramón, al que ya le agradecí el buen trato de estos años y la libertad para trabajar y yo creo que además, una buena amistad. De Troncoso me quedo con la visión y la fe, laica, por su supuesto, en sus objetivos.

Ahora, Fernando Zamora, por ahora me quedó con su determinación.

viernes 30 de octubre de 2009

Me apunto al libro electrónico en los colegios

Me confieso como un adicto al papel, a su tacto, al goce de pasar una página tras otra, a veces con deleite, a veces impaciente, al olor de la imprenta que nunca se evapora completamente. Soy un adicto a los libros. También como objeto físico, como fetiche. En casa (tengo poco espacio) acumuló alrededor de un millar de ejemplares. Esto me genera problemas. Me he quedado sin espacio para almacenar más libros, pero soy incapaz de parar. Tendré que acudir a una clínica de desintoxicación.

Hace ya mucho tiempo, mi amigo Sebas, que en esto de las tecnologías es puntero, me dijo que el futuro estaba los libros electrónicos (ebook). Yo me lo creo, pero me niego a aceptarlo. Eso sí, la experiencia me dice que a no mucho tardar acabaré con una de estas pantallitas delante de mis gafas.

Pero a pesar de que no me veo abandonando el disfrute de arrellanarme en el sofá, aunque no sea de terciopelo verde, para gozar el placer casi perverso de irme desgajando de lo que me rodea, empiezo a pillarle la utilidad a esto de los libros electrónicos. La que yo le encuentro está en las escuelas. En los libros de texto.

En breve comienza el reparto de ordenadores portátiles a los alumnos 5º curso de Primaria en Andalucía. Está muy bien, no digo que no. Pero igual estaba mejor cargarnos de un plumazo los libros de texto clásicos, salvar unos cuántos árboles y financiar, becar o lo que sea, la compra de ebooks y de libros de texto en formato digital. Más cómodos de llevar (eliminaremos la terrible imagen del escolar doblegado por el peso de la sabiduría que carga a sus espaldas) y creo que más sencillos de conservar para los pequeños. Busquemos un lector de tecnología andaluza, si es posible, y apoyemos el salto tecnológico de la industria editorial, de paso.

miércoles 21 de octubre de 2009

La impunidad social de los infractores

Infractores o caraduras, que también se puede aplicar al caso. Ayer viví una anécdota, en realidad de escasa importancia, pero que me hizo pensar en este tema. Fui a salir con el coche y un vecino había dejado su vehículo delante de mi plaza de garaje. No es la primera vez que sucede. Si está suelto lo mueves y punto o como mucho esperas un par de minutos por que ha subido a dejar las bolsas de la compra.

Pero ayer fueron más de quince minutos y el coche no estaba suelto. Sin mucho síntoma de preocupación el vecino pidió fuzgamente disculpas y tras un breve intercambio de reproches, retiró el vehículo. Tras sacar el mio volvió a ponerlo en el mismo lugar, taponando la salida de al menos otros dos vehículos. Parece que no tenía prisas.

El caso, es que le pedí que no lo volviera a hacer y con la mirada me transmitió su pensamiento. Por ser correcto diré que me tachó de intolerante y aquí viene el meollo de la cuestión. Estamos acostumbrados a tolerar la infracción, la caradura e incluso a reprochar al que protesta en lugar de al que molesta. El caradura goza de una impunidad social que yo, seré un intolerante, no acabo de comprender.

En la conducción es habitual que te lancen improperios si demandas a un conductor que use los intermitentes para señalar la dirección a la que quiere marchar, o que te espeten un "no ves que estoy hablando por el móvil", si reclamas que el del vehículo que circula delante de tí y de otros 20 resignados acelere un poco la marcha.

Pero no sólo en la conducción. En el trabajo cuesta y te miran mal si llamas la atención al que dedica más horas al escaqueo que al tajo. Al que le busca las vueltas a Hacienda casi se le sigue envidiando y señalando como modelo. Al que aprovecha los resquicios de las polizas de seguro para colar lo que le place le llamamos listo, avispado. Casi prefiero no hablar de los bancos o de la política. En todos los ámbitos el caradura goza de impunidad social y ay del que se moleste, ese será el quisquilloso, el intolerante y generalmente el que al final, harto de ser la voz que clama en el desierto, acaba dejando pasar y facilitando que el infractor siga gozando de su impunidad y sacándole ventajas.

Esto habría sido materia para el Quejica guasón, pero me apetecía extenderme más de lo que el quejica me permite.

domingo 18 de octubre de 2009

¡Cuánto extranjero interesado en comprarme la vivienda!

Con esto de la crisis inmobiliaria, a los que andamos metidos en la inútil tarea de intentar vender una vivienda, no están saliendo compradores del extranjero como setas. Uno se puede imaginar, a estas alturas, que es una reedición 2.0 del timo de la estampita. Hasta alguno de los portales inmobiliarios ha enviado ya un aviso. Tenga usted cuidado con este presunto comprador que yo no me fío mucho de él. Lo curioso, es que muchos de esos compradores proceden de África.

Hoy mismo me ha llegado un mensaje de un tal Fred Cruise, que digo yo que verá muchas películas americanas. Estos avisos se diferencia del resto de personas que se interesan por la vivienda, que son legión pero nadie acaba por comprar, en su estilo directo. "I have seen your house advert, i want to buy your house please contact me urgently". Vamos que el tal fredy Crug se muere de ganas por sacarme del problema. La gracia está en que, a pesar de su ansiedad compradora, me lo pone difícil. El teléfono de contacto es 2345789.

Son varios los mensajes de este estilo que he recibido pero el que más me ha marcado es el de una chica, cuyo teléfono es 777777777 (por si alguien quiere llamarla). Vive en Costa de Marfil y es heredera de una pequeña fortuna de 8 millones de dólares. Huérfana de unos padres comerciantes de cacao que acabaron envenenados por sus socios. La única condición del testamento para acceder a su fortuna es realizar un inversión en el extranjero. Claro, aquí es donde se hace necesaria mi ayuda. Debo ofrecerle una cuenta para trasladar el fondo, vigilar su buen uso, por que sólo tiene 20 años y conseguir que pueda venir a España con permiso de residencia para terminar sus estudios. A cambio de esta desinteresada ayuda me cedería el 20% de su fortuna. Y encima sin necesidad de vender el piso.

A ver quien me responde en el número...

viernes 16 de octubre de 2009

¿Qué demandan los padres?

Dicen los padres católicos, Confapa, aseguran, que existe una "gran demanda social" para que aumenten los centros concertados sostenidos con fondos públicos. No sé si se trata de una hipérbole, una sinécdoque o todas las figuras literarias arremolinadas por obra y gracia del altísimo.

Yo me pregunto: ¿Qué demandan los padres?, ¿Más colegios concertados, con más fondos gestionados por la Iglesia Católica, con más enseñanza de religión en las aulas, con más clasismo y más exclusión? Conmigo que no cuenten, yo no soy de esa "gran demanda social". Es más, conozco algunos padres más que tampoco entran por ahí.

Ahora, yo sí quiero mejores colegios públicos. Que tengan los mismos servicios que los concertados, que también los pagamos todos. Con sus buenas biblotecas, laboratorios, comedores, etc. Vamos que la enseñanza pública sea como la concertada, que para eso es la pública, digo yo.

Ese dinero que la "gran demanda social" pide para concertar más colegios, que por lógica serán religiosos, debería servir para ampliar colegios públicos que ya funcionan y tienen comedores en salas de usos múltiples y desde hace años esperan que se cumplan las promesas (Colegio Lepanto de Mairena del Aljarafe) o en este mismo centro, y supongo que en alguno más, para que funcionen los ordenadores, portátiles o no. Incluso, más colegios públicos bilingües y hasta medios para que los pequeños de tres años no crucen el pueblo a pie para ir al comedor.

También podemos destinar ese dinero a mejorar el sistema de sustituciones y evitar que los niños se queden sin profesor cada vez que se cruza un resfriado. O para que los conservatorios, también públicos, como en el América Martínez, también de Mairena, tengan profesores desde el principio del curso (Llevamos un mes esperando al profesor/a de flauta travesera).

También podemos destinar ese dinero a mejorar los servicios de comedor y evitar que a algunos padres, que a juzgar por los baremos debemos ser ricos, nos suba su precio alrededor de un 60 % de un curso para otro. Mejor no sigo que me caliento. Pero que quede claro, a mi que me borren de esa "gran demanda social". De las críticas no.

sábado 10 de octubre de 2009

La responsabilidad social del periodista

Algunos reportajes te dejan marca. Supongo que esas deben ser las que llaman heridas del periodista. La verdad, no son muchas. Para ejercer este oficio hay que resguardarse si no se quiere caer en la locura. Recuerdo cómo nos ilustraba esta idea nuestro profesor de Redacción Periodística, Julio M. de la Rosa.

Hablaba de uno de sus primeros reportajes, suyo o de alguien. Le tocó informar sobre el descarrilamiento de un tren. En mitad de la desgracia, al abrirse la puerta de un vagón, la cabeza de un hombre seccionada salió despedida. Él contó los botes que dio sobre el suelo antes de quedarse inmóvil y los anotó en su cuaderno. Un dato más para ilustrar la información. Más o menos era así como lo contaba. La coraza, claro, era el recuento de los botes. De otra manera se habría echado a llorar.

Nos llaman notarios de la realidad. Los notarios lo tienen mucho más fácil. La Ley es tal y como es. En periodismo no existe una Ley superior por la que regirse. Los sentimientos, el dolor, la ilusión humana son la materia con la que trabajamos. Así lo debemos ver, como materia. El sentimiento de nuestros protragonistas no puede ser dogma de fe. El día siguiente otro protagonista te contará la visión contraria con la misma verdad.

Pero a veces, repito, algunos temas te dejan marca. Cuando dejas de tocar la realidad y pasas al laboratorio, a escribir, sientes el peso de la responsabilidad. La necesidad de no defraudar las esperanzas que han puesto en tu reportaje. Uno no sabe entonces si va a estar a la altura.

El viernes grabé un reportaje con un grupo de internos del psquiátrico penitenciario de Sevilla y con su educador, Julián. Después, hicimos unos recursos de una exposición sobre la enfermedad mental. Las fotografías, de Curro Sánchez, transmitían mucha soledad. Tanta, como necesidad de comprensión reclamaban los ojos de los familiares y como ilusión las miradas, a veces perdidas, de los tres improvisados locutores herededos de radio Cucufata.


viernes 9 de octubre de 2009

Errores encadenados o el copia/pega de Agencias

No pasa un día sin que un periodista haga exámen de conciencia y lo plasme en algún hueco de la red. Estamos en crisis (periodística) y no sabemos todavía por dónde queremos que camine nuestra profesión. La cruda realidad nos golpea una y otra vez, día tras día. Despidos, cierres o periodismo de cloaca por doquier.

La conclusión, al menos la mia, es que cada día hay menos periodismo. Se hacen otras cosas, pero periodismo, poco (con excepciones, por supuesto). Los medios rellenan espacio, sin más. La Agenda es única y pocos se salen del carril. Sin duda las agencias marcan la pauta. Las redacciones están desangeladas y a algunos les parece que juntar letras es suficiente para seguir sacando un medio a la calle.

El Reader, las RSS, amén de ser una herramiento cómoda y útil, nos descubren cada día la pobreza de la variedad informativa. Las noticias se repiten medio tras medio con precisión. Serán las máquinas o serán los periodistas, pero cuando se cuela un error, uno tras otro, los medios caen en cadena. Ayer, es una chorrada sin importancia pero demuestra lo que está sucediendo, me encontré un titular erróneo repetido hasta el infitino y más allá. El error fue teclear con el corazón en lugar de con el anular. El resultado, que de EP paso a los medios digitales que repican las noticias de agencia como norma de actuación.